Fiestas de Barillas
Las fiestas de San Miguel
Las fiestas patronales son, un año tras otro, el acontecimiento de mayor participación del municipio. Durante esos días la población de Barillas se multiplica: regresan los vecinos que viven fuera, vuelven los hijos y los nietos del pueblo, y la plaza se convierte en el centro de todo. Lo religioso y lo popular se mezclan sin esfuerzo: la misa solemne y la procesión conviven con los encierros, las charangas, las cenas en la calle y las verbenas que se alargan hasta la madrugada.
El origen de las fiestas
Barillas celebra a San Miguel Arcángel, su patrón desde antiguo. A él está dedicada la iglesia parroquial, el edificio que ha ordenado durante siglos la vida del pueblo y en torno al cual nació la fiesta: primero como celebración religiosa —misa y procesión— y, con el tiempo, como el gran encuentro vecinal que conocemos hoy.
El templo conserva un retablo gótico del tercer cuarto del siglo XV, declarado Bien de Interés Cultural. En su tabla central aparece San Miguel alanceando al dragón, flanqueado por los donantes del linaje Pasquier de Agorreta arrodillados; a su alrededor se despliegan escenas de la vida de Cristo, la Resurrección, el martirio de San Sebastián y la estigmatización de San Francisco. De la construcción primitiva se conservan también restos de una torre mudéjar de ladrillo con decoración en rombos.
Aunque la festividad litúrgica de San Miguel es el 29 de septiembre, en Barillas las fiestas patronales se celebran en agosto, como en tantos pueblos de la Ribera: en pleno verano, cuando el pueblo está lleno y pueden volver quienes viven fuera.
Retablo gótico de la iglesia de San Miguel
Actos y tradiciones
Cada día de fiestas tiene sus citas propias, pero hay actos que se repiten año tras año y que son, en realidad, las fiestas mismas.
Las fiestas arrancan desde el balcón del ayuntamiento con el chupinazo. Abajo, la plaza abarrotada estalla en pañuelos rojos y la charanga arranca el riau-riau que recorre las calles del pueblo. A partir de ese momento, y hasta la traca final, todo el mundo lleva el pañuelo al cuello.
Antes del cohete se impone el pañuelico rojo a los niños y niñas nacidos desde las últimas fiestas. Es un gesto pequeño y muy querido: la manera que tiene el pueblo de dar la bienvenida oficial a los nuevos barillenses.
El día grande comienza con la misa solemne en honor a San Miguel y la procesión por las calles del pueblo, acompañada por la corporación municipal y los vecinos. Es el núcleo más antiguo de la fiesta, el que le da nombre y razón de ser.
Los festejos taurinos son uno de los pilares de las fiestas: encierros por la mañana y vaquillas y recortadores por la tarde, con reses de ganaderías de la zona. Al final de los festejos se premia al mejor recortador de la tarde.
Los más pequeños tienen su propio encierro con carretones, una réplica en miniatura del de los mayores que llena la plaza de risas y es, para muchos, el primer recuerdo de fiestas.
Las cuadrillas sacan las sartenes a la calle y compiten por la mejor tortilla del pueblo. Más allá del premio, es una excusa perfecta para comer juntos y pasar la tarde entre mesas, música y sobremesa larga.
Mesas corridas en la plaza, cena para todo el que quiera apuntarse y después el bingo popular. Es el momento más intergeneracional de las fiestas: abuelos, padres y nietos en la misma mesa.
Una noche de las fiestas el pueblo entero se disfraza. Cuadrillas, familias y peñas preparan sus trajes durante semanas y desfilan por las calles antes de la verbena.
Las peñas y la charanga ponen la banda sonora de las fiestas desde el cohete hasta el último día. Por la noche, orquestas y disc-jockeys mantienen la plaza en pie hasta que amanece.
Las fiestas se despiden con la traca y los fuegos artificiales. Se guardan los pañuelos, se apagan las luces de la plaza y el pueblo empieza a contar los días para el año siguiente.
Galería
Imágenes de las fiestas de Barillas. Si tienes fotos y quieres que formen parte de esta galería, puedes hacerlas llegar al ayuntamiento.